Hola, soy Irene
Esto es incontestable, lo confirma mi DNI y mi madre. Y más allá de mi nombre, aquí va algo de mi historia.

En mi casa había una máquina de escribir roja que no sé de dónde había salido. Me encantaba. Los momentos de escribir con ella eran como una especie de liturgia.
No recuerdo cuando empezó a gustarme tanto escribir, solo sé que antes de la máquina lo hacía en cuadernos, con dibujos y todo.
Era una niña curiosa, que observaba y preguntaba mucho. La pequeña, con diferencia, de toda mi familia. Rodeada de adultos con sus historias de adultos, que no siempre sabían qué responder ante mis ganas de saber. Así que lo que no me contaban o me contaban a medias me lo inventaba. Terminaba las historias en mi cabeza y después las pasaba al papel.
La curiosidad, la observación y la intuición que fui cultivando me han acompañado a lo largo de los años.

Estudié Periodismo con la idea romántica de seguir contando historias. De dar voz a los que no la tienen. Me decía estas y otras grandilocuencias similares mientras sujetaba el sobre de matrícula de la universidad.
Aprendí mucho aquellos años, pero pronto me di cuenta de que mi trayectoria profesional no sería exactamente como me había imaginado.
Aterricé en el mundillo del marketing digital cuando estaba construyéndose (y en plena crisis). A partir de ahí fui dando pasos y aprendiendo de diferentes disciplinas en proyectos y lugares muy distintos.
Sé que me falta arrojo para muchas cosas y tengo tendencia a la rumiación mental. Pero también sé que cuando me comprometo con algún proyecto en el que creo, de repente me entra un hambre voraz de saber y hacer. Me remango y me pongo a remar.
Si solo pudiera decirte tres cosas sobre mí y lo que me importa en la vida: honestidad, humildad y humor.
Creo en pocas cosas, pero llevo estas tres palabras que empiezan por ‘h’ como bandera. Si quieres trabajar conmigo lo verás y si quieres ser mi colega, también.
